Siempre me gustó visitar las bibliotecas, esos lugares llenos de libros que huelen a un tiempo perdido capturado entre sus páginas.
Cuando era pequeño solía pasar días enteros en la biblioteca de mi pueblo. Una vez mientras me encontraba sentado en el piso, ocurrió algo que en aquel momento supuse mágico. Tenía ganas de leer y busqué el libro más grande y pesado, ese que parecía escondido en un estante y que había llamado mi atención. Leí su portada, recuerdo que decía “Cuentos Clásicos”






LITERATURA INFANTIL